martes, 12 de mayo de 2009

Molestias en la lectura


Desperté y de nueva cuenta me arrepentí de no haberme dormido más temprano. Me puse gotas en los ojos para aminorar el ardor, tome una taza de café y leí 3o minutos a Santideva, junto con un comentario adicional del texto raiz.

A veces amo los comentarios, sin éstos no tendría ni idea de cómo decifrar una instrucción esencial de los maestros.

A veces odio los comentarios. Pienso que algunas ideas se podrían explicar de forma más sencilla. Pero sé que me molestan porque yo hago lo mismo (complico lo sencillo).

Pero también imagino que una complicación de una idea es como una fuente incesante de agua mental. De la nada brotan cosas sin parar. Cada recoveco intelectual es un pasadizo secreto digno de inspeccionar, o por lo menos de barrer.

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